Thursday, 29 January 2015

Para romper el suelo

Esos años de ceniza
sin tiempo para perderlos,
sin tiempo para perderse.
Ha caído ya todo el hielo
que cabía en estos diez minutos,
23 segundos

de socor**.

Tuesday, 20 January 2015

Apología del exceso



"El último abrazo", Olga Marciano, 2008



Tal vez se trate sólo de una travesura, pero esta es la descripción misma del tiempo diferente. Aquí los colores se miden en plena saturación desajustada. Efervescentes, sin más ácido que el de la piel en su roce con veinte uñas de caricia.

Defiendo una plaga de lugares como este, donde la escala cromática supone encontrarse, de pronto, templados y rojos. Y sentir. Defiendo la fiebre sin más motivo que el susurro y reivindico las manos en el cuerpo expuesto como nueva capital de Estado, sin excepción.

Justifico los labios irritados que cortan despacio, aquí, con espaldas sin censura de tela. Pretendo la existencia obligatoria de hectómetros de fuego en cuello y pelo. Los abrazos más irreverentes por quererse con los dientes demasiado afilados. La sexualidad de las manos que desvisten los excesos de distancia.

Asumamos, YA, que el tacto es la arquitectura desnuda que nos mantiene. Ocupemos los rincones más inhabitables del abrazo; como este abusivo espacio entre las bocas.


Exijo la defensa de lo excesivo,
de lo que “corta, como un cuchillo”[1].
De lo sencillamente aplastante.





[1] En “Ya nada ahora”, Ángel González, 1992.

Monday, 6 October 2014

Monday, 29 September 2014

Naranja, también

Presuntamente in-cierto,
estos soles de acá tras la ventana
son falacia de tormenta, los más
auténticos, dicen, que caen en esta 
tierra.

Wednesday, 3 September 2014

Y así pasó

Me gustaba mirarte
a través de lo que no nos separaba.
Me gustaba mirarte
y dejar que tú me vieras.
Me gustaba ponernos
pruebas de cuánto y cómo.
Y con el corazón bailando
y las manos muy frías
se despertó la incapacidad
de romper lo que me amanecías.
Me gustaba pisar
una baldosa por cada vez
que me invitabas a pensar
y un a lo mejor, puede, sólo puede
que contigo pasara.

Y me dejé
creer, crecer piel y corazón
y creció el poco opaco espacio 
entre nuestros pies
y dejé marchar cada tal vez contigo,
simplemente, dejando que pasara
eso que pasa cuando no paras al viento,
dejando de urbanizar sólo en el sentido
y edificando más en los ventrículos,
porque cuando no hay ventanas ni puertas  
no puedes perder las llaves nunca más.

Y así pasó
y te invitaría
cada día de mi vida
a construirlo de nuevo.





Friday, 27 June 2014

La costumbre marchitada

La gracia con que se mueve la dicha
felicidad que a muchos trata de pasajeros 
de ida y vuelta. Y vuelta
a caer en la manía;
Conocerla una vez, nunca, siempre y cuando
la meta no lo sea.
Juega con cada ocasión 
que tiene de jugártela 
porque es la más querida y des-
preciada de este mundo.
Es amante de buenos, malos y peores
los que más. Y nunca le basta con nada, 
con nadie
y mucho menos con todo.
Ha sido mi ramera lozana, 
que siempre me ha buscado y nunca 
me ha querido solo a mí.
Trasto de todos estos años,
estorbo de ninguno. A veces,
todavía te apareces en segundos
bajo guardia: trance sinestésico
de clavo en la boca. Saber-te 
conocido.
Haberte sabido encontrar entre los callos
de los dedos que pretenden agarrar.
Aún está, cuando me quiere
bien estar, y cuando surge agazapada
en las esquinas.
Porque, hasta para ella, felicidad
es también un remoto instante,
ya olvidado.

Indescriptible

Antipoético

Indecible